Dedicado al amor.
No soy yo, eres tú.
No es ella, es él.
No es el amor, es el odio.
No es el cielo, es el infierno.
No es el sol, es la lluvia.
No es Marte, es la luna.
No es la mente, es el cuerpo.
No son los ojos, es la mirada.
No es lo que oyes, es lo que escuchas.
No es la mentira, es la verdad.
No son las palabras, es tu boca
No es el invierno, es el verano.
No es tu mano, es lo que tocas.
No es la rosa, es la espina.
No es tu pecho, es tu vientre.
No es el azul, es el mar.
No es tu nariz sino tu feromona.
No es el vino, es tu lengua.
No es lo que piensas sino lo que haces.
No es que te excitas, es que me tocas.
No es que me besas, es pasión.
No es locura, es amor.
No es muerte, es vida.
Es vida cuando te veo,
Y cuando te veo, al mismo tiempo muero.
No soy yo, eres tú.
@Roger_Edward
martes, 20 de marzo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
Soneto para una niña de hermosos ojos
Arrorró
Arrorró, duerme mi niña,
arrorró, mi pequeñita,
que la luna está mirando
tus dos lunas redonditas.
Arrorró hasta que amanezca,
y el día recién nacido,
descubra al sol observando
tus dos soles encendidos.
Y con el día tu risa
nos ilumine de nuevo,
y nos alegres la casa,
y nos regales el cielo,
y brillen desde tu cuna
tus dos hermosos luceros.
para la pequeña gaviota con todo mi cariño
jueves, 8 de marzo de 2012
Isadora
Danzarina de un tiempo
que no fue el tuyo
alma libre que baila impulsada
por la fuerza de la naturaleza
girando atrevida,
en descampado,
con el cabello suelto,
sobre tus pies descalzos.
Danzarina del viento,
transgresora de los movimientos,
amante nocturna en lechos prohibidos
girando impetuosa
sobre tus pezones descubiertos.
Danzarina del mar,
indomable sirena
bailando en las olas,
nadando contra corriente,
girando rebelde
sobre la superficie de las aguas.
Luciérnaga en celo,
girando luminosa,
encegueciendo a los cretinos,
bailando la eterna danza de tu trágica vida.
Danzarina de un mundo en tinieblas
que tizna todo a su alrededor
la vida y la muerte
te atravesaron toda
como un rayo demoledor.
Danzarina que se apagó ,
girando, girando, girando,
en busca del amor y la gloria,
envuelta en la larga seda que cegó tu vida
bailando la eterna danza de tu trágica muerte.
jueves, 23 de febrero de 2012
Los Gatos del Maestro Sojo
"Numero setenta y dos, Rafael Patiño, primera autoridad civil del municipio Zamora, hago constar: que hoy diez de marzo del año mil ochocientos ochenta y ocho, me ha sido presentado por Luisa Sojo, mayor de edad, soltera, domiciliada en este municipio y dedicada a sus ocupaciones propias de su sexo, el niño Vicente Emilio, que nació en el mismo municipio el ocho de diciembre último, hijo natural de la presentante..."
- Nada, mamá. sólo leía mi acta de nacimiento
- ¡Guárdeme eso, mijo! ¡y véngase! que hoy es su clase de música con el maestro Régulo Rico. y mañana tenemos que irnos a Caracas, su abuela está muy enferma, Vicentico.
Al día siguiente, doña Luisa y Vicente Emilio dejaron su querida Guatire para irse a la gran ciudad y fue allí, en Caracas, donde el joven Vicente Emilio decidiría ser músico.
Vicente Emilio era un joven inquieto e inteligente y aunque apenas pudo terminar el segundo grado de primaria, por ser un niño de familia humilde y de muchas carencias, tenía un gran talento para la música. Aun cuando no tenía estudios formales se preocupó siempre por ampliar su cultura y satisfacer sus exigencias intelectuales y artísticas. Pese a su condición autodidacta, Vicente Emilio llegó a ser un excepcional músico, pedagogo, maestro de varias generaciones de compositores.
Como maestro fue siempre muy estricto y exigente, pero a la vez generoso y paciente. Era un hombre sencillo, siempre fiel a sus principios, de gran calidad humana y un verdadero altruista. El Maestro Sojo era un hombre del siglo XIX viviendo en el siglo XX.
Siempre trató de ser para sus alumnos un ejemplo de lo que un músico debería ser: un hombre de bien, recto en su proceder, enemigo de las ambiciones materiales, se preocupó porque la música de otros países no desplazara la nuestra y rescató del olvido a muchas de las bellas canciones que produjo Venezuela en la segunda mitad del siglo XIX. Su gran tesón lo llevó a ser fundador y director de la Orquesta Sinfónica Venezuela, del Orfeón Lamas y de la Escuela Superior de Música, para entonces ya era un músico de renombre, con muchas obras compuestas y muchas otras recopiladas. Pero el maestro Sojo era un hombre solitario, su soledad comenzó en la infancia y se apoderó de su espíritu sensible. Ya se había casado dos veces, pero siempre estaba solo, quizás era esa soledad del talento y la mente creativa que siempre está un paso más allá del resto... y fue así como comenzó a compensar su soledad con ¡sus gatos. los gatos del maestro Sojo!
Ciertamente, el maestro Sojo tenía muchos gatos, tal vez demasiados, vivían en la escuela de música, eran consentidos y protegidos por él, compraba la mejor carne, en grandes cantidades y la repartía entre todos sus gatos. Todos los días a las cinco de la tarde se veían gatos comiendo en pequeñas escudillas por toda la escuela, era un espectáculo increíble, después el maestro se sentaba en el patio y miraba a sus gatos juguetear, siempre le alcanzaba el tiempo para acariciarlos a todos mientras los llamaba por sus nombres: FaSol, Tigre, Sombra, Pentagrama, Bartolo...
Los estudiantes sabían del celo del maestro con sus amigos felinos, así que los respetaban o al menos los toleraban.
Para la mayoría el amor del maestro Sojo por los gatos no pasaba de ser una excentricidad, pero para el maestro eran sus compañeros de vida, la fidelidad y las caricias de sus amigos felinos llenaban su espíritu de hombre y de artista.
Entre los estudiantes se tejían muchas historias acerca de la manera como llegaron esos gatos a la escuela de música. Cuentan los estudiantes que todo comenzó un día en que el maestro se encontraba en una casa de visita y vió a un pequeño gato negro echado sobre una butaca que lo miraba con curiosidad, el diminuto animal llamó su atención y de pronto sintió una fuerte atracción hacia él, fue tanta que, siendo el maestro una persona correctísima y de conducta intachable, tomo al gatico y lo introdujo en el bolsillo de su saco, al parecer el animalito se quedó dormido allí y el maestro pudo terminar la visita sin ser descubierto en su "travesura", luego lo llevó a la escuela de música y le puso por nombre FaSol. Con el tiempo se encariñó mucho con el gatico quien lo seguía por toda la escuela y cuando el maestro salía a hacer su recorrido por el centro de la ciudad, el animalito se acurrucaba en la silla de su escritorio y lo esperaba hasta su regreso.
Al maestro Sojo le gustaba pasear por los alrededores de la plaza de San Jacinto, donde estaba el antiguo mercado, comía en restorantes modestos, se confundía entre la gente, los pobres se le acercaban a pedirle algo y el maestro, siempre muy caballeroso, los invitaba a almorzar con él. En las quincenas se amontonaban en la puerta de la escuela personas solicitando ayuda y él, con gran desprendimiento y sin olvidar su condición humilde, les entregaba parte de su salario. El maestro siempre se preocupó por los pobres y ayudó al necesitado.
En una ocasión, mientras caminaba por la plaza de San Jacinto, vió a un gato sobre un árbol que maullaba asustado, el maestro lo ayudó a bajar con su bastón y lo llevó a la escuela. En otra oportunidad se encontró en la calle un gato sucio y algo desorientado y también lo llevó a la escuela. Otro día, paseando por el centro, pasó frente a una tienda de mascotas, se detuvo y compró todos los gatos del lugar... y así poco a poco los gatos fueron entrando en su vida para ser sus mejores amigos. llegaron a ser tantos que el maestro perdió la cuenta, pero su preferido siempre fue FaSol.
En una ocasión, mientras caminaba por la plaza de San Jacinto, vió a un gato sobre un árbol que maullaba asustado, el maestro lo ayudó a bajar con su bastón y lo llevó a la escuela. En otra oportunidad se encontró en la calle un gato sucio y algo desorientado y también lo llevó a la escuela. Otro día, paseando por el centro, pasó frente a una tienda de mascotas, se detuvo y compró todos los gatos del lugar... y así poco a poco los gatos fueron entrando en su vida para ser sus mejores amigos. llegaron a ser tantos que el maestro perdió la cuenta, pero su preferido siempre fue FaSol.
Todos los días FaSol acompañaba al maestro en sus clases de música, se sentaba en un rincón con su cola enroscada alrededor de sus patas, parecía prestar mucha atención, algunas veces parecía más atento que los mismos estudiantes, y cunado un estudiante decía no entender, el maestro señalando a FaSol le contestaba:
- ¡Pero si hasta el gato entendió!
Y era muy cierto, FaSol lo entendía todo... ya había crecido, era un enorme e imponente gato negro y la música parecía dársele muy bien, era muy intuitivo e intelignete, algunos estudiantes confesaban, con cierta timidez, haberlo visto tocar el piano con sus patas, pero al recibir las burlas de sus compañeros callaban sonrojados.
Una mañana, antes de comenzar la clase de armonía, apareció la partitura de una hermosa romanza sobre el piano del maestro Sojo, al final de la pieza se leía el nombre del autor: FaSol, y al lado del piano, el gato negro parmanecía sentado inmóvil, como quien se ufana de la obra realizada. Inmediatamente los estudiantes comenzaron a tocarla, era una pieza de extraordinaria calidad, se preguntaban si era posible que el gato la hubiera escrito.
Cuando el maestro entró al salón todos hicieron silencio y solo uno de ellos se atrevió a preguntar:
- ¿Maestro, fue su gato quien compuso esta romanza?
El maestro Sojo vió con asombro la partitura y luego con disimulo contestó:
- ¿Y desde cuándo los gatos escriben música? ¡la pieza es mía, FaSol es mi seudónimo! ¡Y ahora todos a sentarse que la clase va a comenzar!
Los estudiantes se sentaron aliviados, sin embargo algunos tuvieron sus reservas. El maestro se dirigió a su escritorio, FaSol fue tras él y se sentó a su lado, cruzaron miradas y el maestro lo acarició mientras esbozaba una sonrisa de complicidad. después del incidente el maestro comenzó a firmar algunas de sus composiciones bajo el seudónimo de FaSol, pero se comentaba entre los estudiantes que no eran suyas sino del gato.
Así fue creciendo en la escuela de música la leyenda del gato compositor, para entonces la salud del maestro ya era bastante precaria, trabajaba en exceso y le prestaba poca atención al cuidado personal, contaba con 65 años y había pasado de ser un hombre fuerte y de gran vitalidad, a ser un hombre débil y enfermo.
Perdía con rapidez la memoria y su mente estaba llena de confusiones. En una oportunidad le confesó a su amigo Eduardo Lira Espejo: "Hasta me cuesta distinguir la música. Fíjate, el otro día escuchaba una sinfonía que era de Mozart, delicada y espiritual como siempre, y yo pensaba que pertenecía a ese bárbaro de Beethoven." y rió dolorosamente.
Ya próxima su muerte lo había olvidado todo. En una clínica pasó sus últimos momentos acompañado de su hijo Efrén y su buen amigo Teo Capriles. El maestro ya no reconocía a nadie, pero hubo un momento de lucidez, un instante en que recobró la razón:
- ¡Teo amigo, quiero ver a FaSol, tráemelo!
Teo Capriles sabía que cumplía con la última voluntad de un moribundo y al día siguiente llevó a FaSol a encontrarse con su amigo. El maestro tomó entre sus manos a su entrañable amigo y el gato, ya viejo, descansó en su regazo. No hubo palabras, aquel fue un momento sublime, el maestro lo acariciaba mientras lo miraba, su respiración se fue haciendo cada vez más lenta y sus ojo se cerraron apaciblemente. Pocas horas después, el viejo y cansado FaSol murió también. En la Escuela Superior de Música, los gatos del maestro Sojo deambulaban inquietos, pero los estudiantes se encontraban demasiado tristes y consternados para notarlo, era un domingo lluvioso que nunca olvidarían.
Por mucho tiempo continuó comentandose la leyenda del gato compositor, muchos estudiantes realmente la creían, otros no tanto, pero solo el maestro Sojo sabía la verdad de aquella historia que se la llevó consigo aquel 11 de agosto junto con su querido y fiel amigo FaSol.
Las flores que me diste - Jesús Sevillano
jueves, 2 de febrero de 2012
Chico Buarque
Mi amigo Jorge me preguntó una vez cómo fue que me apasioné por la música brasileña y comencé a recordar mi primer contacto con esta música. Era muy jovencita y cayó en mis manos un disco de Chico Buarque llamado Almanaque , fue así como todo comenzó. Era el único que tenía, así que lo escuchaba una y otra vez y, mientras más lo escuchaba, más me gustaba. Recuerdo las canciones del disco: Almanaque, O meu guri, Tanto amar, Ela é dançarina, As vitrines, Amor barato... un disco hermoso en verdad. Podria decir que Chico fue mi primer amor, en cuanto a la música brasileña se refiere. Después vinieron muchos otros: Gal Costa, Toquinho, Caetano Veloso, Simone, Djavan, Ney Matogrosso, María Bethânia y un largo etcétera. Me inicié con Chico en la bossa nova y hoy día podría decir que no hay un resquicio en la música brasileña donde mi curiosidad no haya llegado: Choro, samba, pagode, axé, frevo, forró, rock, reggae, samba reggae, hip-hop, funk, etc. pero, como es de todos bien sabido, el primer amor nunca se olvida y Chico Buarque ocupa un lugar privilegiado en mi corazón.
Sin duda, Chico Buarque es el artista más completo que he conocido. Músico, compositor, cantante, escritor, dramaturgo, además hay que resaltar que habla cinco idiomas y que también es hasta futbolista. Pero esto no es suficiente, él logra sobresalir en todo lo que hace, no solo es uno de los músicos más importantes de su país, hijo predilecto de la bossa nova, importante actor político en los duros tiempos de la dictadura, sino que también es un escritor respetado en Brasil y en todo el mundo. Ha escrito ocho novelas de las cuales, las dos últimas: Budapeste y Leite derramado (leche derramada) recibieron el importante Premio Jabuti. Sus novelas han sido reconocidas y elogiadas, Le Nouvelle Observateur lo calificó como uno de los autores contemporáneos más interesantes de la lengua portuguesa. En cuanto al fútbol, Chico juega tres veces por semana en un equipo que, según sus propias palabras, no ha perdido un juego en 32 años. Así es Chico Buarque, un hombre verdaderamente genial.
Chico Buarque se dió a conocer siendo muy joven, al participar en el II Festival de Música Popular Brasileira y obtener el primer lugar junto con Jair Rodrigues ( el resultado fue un empate). En esa oportunidad interpretó su composición A Banda en compañía de Nara Leão, sin embargo el musicólogo Zuza Homem de Mello, en su libro A Era dos Festivais, revela que A Banda ganó el festival. Homem de Mello había conservado por décadas las hojas de votación en las que consta que A Banda ganó 7 a 5, solo que Chico, al darse cuenta de que ganaría, se acercó al presidente del comité y le dijo que no aceptaría la derrota de Disparada, la canción que Jair Rodrigues interpretó, y que si eso ocurría, él mismo le entregaría el premio a Jair. Esto es una muestra de la calidad humana de Chico y de su gran humildad.
Aqui se puede observar el emocionante momento en que fueron anunciados los ganadores del festival
.
La Banda, interpretada por Chico Buarque y Nara Leão.
Las composiciones de Chico son claras y comunicativas, nos suenan siempre como algo familiar, de él se dice que es el artista que mejor consigue transmitir el sentimiento femenino a través de sus letras, no es casual que sea el compositor preferido de las cantantes brasileñas. También le escribe al pueblo, a la gente común, al obrero, a las prostitutas, etc.
Su actividad política contra la dictadura militar le costó un año en el exilio (1969 - 1970). Al regresar a Brasil usó su habilidad para escribir temas donde hacía críticas a la situación política del país, pero de una manera disfrazada, disimulada, evitando así la censura. A pesar de você, Cálice, Acorda amor, Samba de Orly y Vai passar son algunas de las canciones que burlaron la censura militar.
Chico Buarque siempre fue un hombre comprometido con su país y nunca cambió su postura política por posiciones acomodaticias. Hasta hoy nunca ha dejado de defender a Fidel Castro y las transformaciones en Cuba, así como a Hugo Chávez y los avances sociales en Venezuela, siempre dejó claro su aprecio por Lula y le dió su apoyo a Dilma Russeff durante su campaña electoral. Muchas veces es odiado por sus ideas políticas de izquierda, pero Chico es y será siempre un hombre de izquierda, y es por esto que lo admiro y respeto más.
Chico fue un gran amigo de Tom Jobim, además de su discípulo. Existía una especie de conexión entre ellos y, según palabras del propio Chico, Tom Jobim cambió su vida y gracias a él se hizo músico: "Fue una epifanía. Lo conocí, fui amigo de Tom Jobim. Por trabajar con él, por escucharle tocar el piano, yo me hice un músico mejor de lo que era. Escuchándole, viéndole trabajar. Yo era un músico intuitivo, de oido, y él me formó. Trato de no ser una copia de él, pero todavía, cuando compongo, siento la sombra del maestro".
"Él me obligó a comprar un piano, a aprender música y a escribir para otros cosas que no tienen nada que ver con lo que yo hago". En la interpretación que hacen Chico y Tom Jobim de la canción Sem Compromiso (Nelson Trigueiro y Geraldo Pereira) se hace presente esa extraordinaria conexión, esas miradas que se entrecruzan como si cantaran con los ojos, como si se comunicaran con las miradas.
Chico Buarque y Tom Jobim. Sem Compromisso
Ciertamente, Francisco Buarque de Hollanda es un artista de muchas facetas: el político, el poeta, el futbolista, el escritor, el revelador del alma femenina, el malandro, el trovador... Pero para mi siempre será ese cantante de hermosos ojos azules y voz dulce que en sus composiciones deja que se mezclen samba y bossa nova de una manera tan sutil que apenas podemos percibirlo, ese que canta como si estuviera sentado en el sofá de tu casa, el Chico que me hizo amar la música brasileña.
DESCARGAR
Dedicado a mi buen amigo @Giorgioavila
jueves, 19 de enero de 2012
La Gata en la ventana
Despertó esa mañana sobre un mullido sofá. Había dormido allí la noche entera a sus anchas. Se estiró un poco, saltó al parquet y comenzó a caminar. Sus suaves y silenciosas patitas se deslizaban por la habitación, se detuvo frente a la puerta de vidrio del balcón, se sentó y miró al patio con esa mirada enigmática que solo los gatos poseen. Su larga y peluda cola se enroscó alrededor de sus patas, su imagen evocaba una hermosa pieza de porcelana. Contiuó su recorrido hacia la cocina mientras inspeccionaba y reconocía todo a su paso, paró un momento en el corredor y jugueteó con las cortinas, enredaba sus pequeñas y afiladas uñas en los encajes y tironeaba graciosamente, cuando se aburrió siguió su camino y llegó a la cocina. Sentada a la mesa se encontraba una pareja tomando el café, se acercó lentamente a la mujer y se acarició contra su delgada pierna, la dama estiró su mano, la acarició con ternura y dijo a su marido:
- ¡Pobre gatita, ayer me partió el corazón verla abandonada maullando en ese callejón!
El marido contestó:
- Hiciste muy bien en recogerla de ese lugar y traerla, mi amor, aquí va a estar bien y con tus cuidados, se sentirá como en su casa.
La dama tomó a la gatita entre sus manos, la colocó en su regazo y mientras la acariciaba le dijo:
- No te preocupes, linda, yo te voy a cuidar, no te faltará nada.
La gatita ronroneaba y masajeaba los muslos de la dama con sus pequeñas patas.
- Te llamaré Catalina. dijo la dama.<< ¡Que bien, el nombre de una Princesa!>> pensó la gatita.
Se echó en los muslos de la dama y fingió dormir para observar mejor el lugar.
El caballero se levantó, abrió una lata de Paté de salmón rosado importado, lo puso en en platito y llamó a la gatita:
- Misuuu... misuuu...
La gata saltó de entre las piernas de la dama y corrió hacia el plato de delicioso paté, lo comió con gusto y pensó:
<< En adelante comeré de este paté dos veces por día.>>
Después de comer lamió muy bien sus patas, las pasó tras sus orejas una y otra vez y, cuando terminó de acicalarse, se dirigió a la ventana en el fondo de la cocina. Levantó su cabecita, miró a la vetana y calculó bien su salto (porque los gatos son buenos con los cálculos). una vez calculado, dió el salto justo al borde de la ventana. Se sentó allí, como una reina en su trono, miró hacia afuera y su larga cola colgaba por la pared. Su pose era hermosa, con la sobriedad de una efigie. Miró por largo rato al jardín, se sentía reconfotada. Luego miró al interior de la casa, observó a la pareja que aún tomaba su café y pensó con satisfacción:
<< Soy la Princesa Catalina, esta es mi casa y estas personas me pertenecen. >>
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